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martes, 15 de marzo de 2011

EL AROMA DE LA COMIDA PREFERIDA DE DIOS

Es como si Dios tuviera una comida favorita. Cada vez que oramos, él huele el aroma que sale de la cocina mientras preparamos ese plato especial. Cuando a Dios se le antoja una satisfacción especial, sale en busca de una oración para responderla. Nuestra oración es el dulce aroma que sale de la cocina y asciende hasta llegar a la cámara del Rey, despertando su apetito. Sin embargo, el verdadero disfrute de la comida es la obra gloriosa que él realiza al responder la oración. El alimento de Dios es responder nuestras oraciones. Una de las cosas más maravillosas de la Biblia es que nos revela a un Dios que satisface su propio apetito de gozo dando respuestas a las oraciones. Como no cuenta con deficiencias que necesite llenar, su satisfacción consiste en magnificar la gloria de sus riquezas saciando las insuficiencias que presentan aquellos que oran.

Ese parece ser el punto al que se refiere el Salmo 50:13-15. ¿Acaso me alimento con carne de toros, o con sangre de machos cabrios?... Invócame en el día de la angustia; yo te librare y tú me honrarás.

Cada vez que Dios responde a una oración, lo celebra, ya que entiende que su gloria a quedado mostrada. Si queremos alimentarlo con el único gozo que el Señor es capaz de dar, todo lo que debemos hacer es alzar nuestra taza vacía de oración y dejar que él la llene y nos muestre las riquezas de su gloria. De este modo, la medida de su deleite en las oraciones de su pueblo es la intensidad del deleite de Dios en su misma gloria. 


Los Deleites de Dios: John Piper
págs. 246-247.