Es Espíritu Santo realiza esto en tres maneras:
1. Si el fruto del Espíritu florece en una persona, entonces la naturaleza pecaminosa no puede florecer al mismo tiempo. ¿Por qué es así? Pablo contesta, “estos se oponen entre si” (Gálatas 5:17). Esta renovación del Espíritu Santo (es decir, la Regeneración, vea Tito 3:5) es un medio principal para la mortificación del pecado.
2. El Espíritu realmente destruye y consume nuestros deseos pecaminosos. Esto lo hace al principio, quitando el corazón de piedra con su poder omnipotente (en el milagro de la regeneración) y lo continua (en el proceso de la santificación) con un fuego que quema hasta la raíz de los deseos pecaminosos.
3. El Espíritu trae la cruz de Cristo al corazón del pecador a través de la fe, y nos da comunión con Cristo a través de su muerte y sus sufrimientos.